Una obra como la que se presenta en este volumen es un esfuerzo en extremo valioso de estudio, reflexión, experiencia práctica, docencia y capacidad pedagógica de síntesis que se ha ido destilando a lo largo del tiempo y que plantea un necesario ejercicio de iniciación. Solo la madurez de un académico como Luís Mario Rodríguez permite llevarla a cabo con el rigor, el empeño y la originalidad con que se expresa. La tradición de este tipo de trabajos con un fuerte componente didáctico se vincula dentro de una disciplina como es la ciencia política con la excepcionalidad ya que no son frecuente este tipo de trabajos, así como con la profesionalización, bien sea desde el estudio o desde la práctica. Origen, desarrollo e institucionalización del saber politológico, así como una acentuada vocación por el servicio público que el conocimiento debe siempre traer consigo son los hitos de este libro.
Es un lugar común referirse a la política como una actividad esencial de los seres humanos. La gestión del conflicto siempre presente en grupos más o menos complejos es una tarea permanente cuya puesta en marcha requiere de reglas mínimamente consensuadas. Las normas y los individuos configuran un juego en constante interacción para superar el miedo a perder la vida y para procurar una existencia medianamente satisfactoria. De ello va la política, pero no siempre se comprende.
En la historia de Occidente se impuso en los dos últimos siglos la dominación legal racional. La revolución que supuso la Ilustración gestó una forma de abordar la política en la que el origen popular del poder con la existencia de frenos y contrapesos al mismo, la extensión de derechos universales de las personas y la elección de las autoridades por medio del sufragio fueron los pilares del orden urdido. Instituciones todas ellas a las que se suman otras de carácter informal formuladas con el propósito de evitar la incertidumbre propia de la existencia.
En diversos momentos estos puntales fueron cuestionados y se establecieron modelos alternativos. Por otra parte, en diferentes países se articularon temporalmente esquemas que quebraron su continuidad. Hoy, el orden general planteado tras la tercera ola democratizadora, en términos de Samuel Huntington, está cuestionado y hay casos nacionales donde la ruptura democrática se ha consolidado. En otros, los signos del deterioro de la democracia son notorios.
La evidencia del fracaso parcial de la política a la hora de atender demandas de la gente es algo siempre cuestionable que, sin embargo, en la actualidad goza de un notable predicamento. Por otra parte, los profundos cambios registrados en las sociedades como consecuencia de la explosión demográfica en unas y en otras del envejecimiento poblacional y, sobre todo, de la revolución exponencial digital están teniendo un impacto en la política incuestionable. A ello debe añadirse la pervivencia de instituciones obsoletas pues su diseño se hizo atendiendo a una realidad pretérita muy dispareja.
Pero, igualmente, debe ser considerada la pulsión por el poder político de elites que buscan su control hegemónico en un marco de incremento galopante de la desigualdad. En su modo de intervención llevada a cabo con los viejos parámetros institucionales de la política han conjugado una estrategia clásica de despolitización de la población con una alianza hoy con el todopoderoso nuevo complejo tecnológico industrial. Todo ello hace que sea imperioso un acercamiento a las claves del funcionamiento de la política algo que es el propósito de este libro. Como Jürgen Habermas señaló justo un año antes de morir el escenario está configurado por “la creciente necesidad de una población despolitizada y aliviada de decisiones políticas trascendentales de disponer de un sistema que funcione por sí mismo”.
En ese orden se abre una gran avenida para la Inteligencia Artificial (IA) que es una de las mayores fuerzas que impulsan el reordenamiento simultáneo de la gobernanza, los medios de comunicación, los negocios y la geopolítica global. Su actuación sobre la configuración de la política es uno de los grandes retos del presente. Mientras ello sucede, ¿dónde queda la política tradicional en su nivel de arreglos institucionales, manifiestamente obsoletos, a la hora de abordar el conflicto entre los seres humanos? Más aun, cuando el panorama es de sentimentalización de la política por el predominio de las emociones frente al tradicional de las razones, ¿cómo conjugar los procesos de toma de decisión mínimamente operativos y funcionales?
Si la política tiene que ver también con el manejo de la incertidumbre en el ámbito público, ¿cómo hacer en un escenario de perplejidad radical dominado por un estado de cosas donde nadie tiene convicción alguna sobre el valor que pueda tener algo, o incluso sobre lo que no sabe? El golpe de mano arancelario trumpista basado en una tesis tan simple como que Estados Unidos ha sido humillado y explotado por naciones extranjeras durante décadas y que sólo el jefe supremo tiene el coraje de hacerles pagar es el ejemplo más reciente de lo que está aconteciendo. Otro podría ser la opinión sobre el sentido y el nivel de la capacidad transformadora de la IA. El imperio de la fuerza, la transición imperial, o monárquica -en términos de Curtis Yarvin-, el fin del Estado de derecho mediante un golpe ejecutivo organizado por la tecnología, el predominio de la vanidad como vector de la acción, la quiebra de la confianza, no acaban con la política, pero la redefinen. La abolición de la política puede ser simplemente una añagaza. Sin embargo, el juego de influencias permanente que se da en una sociedad del espectáculo con visibles signos de cansancio tiene consecuencias notables tanto en el (des)orden mundial como en el nacional.
En este escenario el papel desempeñado por Donald Trump como icono emulador-patrocinador presente en el vecindario latinoamericano merece una especial atención a la hora de evaluar el estado de las cosas. Su triunfo electoral de noviembre de 2024 proyectado en el trascendental momento fundacional de su toma de posesión el 20 de enero de 2025 y revalidado en el día “de la liberación” del 3 de abril del mismo año ha alentado el quehacer de cinco presidentes de la región.
Nayib Bukele, Rodrigo Chaves, Javier Milei, Daniel Noboa y Santiago Peña cuentan con cotas notables de aceptación popular y en su actuación cotidiana son epígonos del trumpismo que los estimula. Si bien desarrollan estrategias diferentes, coinciden en una visión proclive de abolir la política. En ella se asienta una forma del ejercicio de la autoridad individual arbitraria e irresponsable, así como la paulatina desinstitucionalización del orden político. Su conducción narcisista en un marco de concentración del poder y su actuación atrabiliaria suponen la validación del modelo de extrañamiento de la política hacia formas novedosas donde ya reina su capricho y la manipulación de la voluntad popular sin cortapisa alguna. Este libro alerta sobre ello al abrevar en las raíces teóricas del orden político.
Ahora bien, en el momento de ver la luz el trabajo de Luis Mario Rodríguez topa de imprevisto con unos de los fenómenos más relevantes con los que se ha enfrentado la humanidad después del conflicto bélico mundial que concluyó en 1945 y que dibujó un nuevo orden. En cierta manera se trata de la abolición de la política en la forma que está fue concebida bajo el paradigma democrático y que tuvo su momento de gloria al iniciarse la última década del siglo pasado. El éxito de las transiciones a la democracia y su, en gran número de casos, traslado a la consolidación de esta alumbrando la agenda de la calidad de la democracia se extendió con claridad hasta el final de la década de 2010. Después se entró en el escenario de democracia fatigada que hoy conduce a una suerte de estado difuso de posdemocracia. Este escenario incierto y pendiente de ser definido a cabalidad es el gran reto que tiene en la actualidad la ciencia política.
Una reflexión de esta guisa sobre la base de los dos aspectos citados sirve para replantear la forma en que se exprese la política de “la nueva normalidad” y sus efectos en aspectos tan relevantes de la misma como son la autoridad, el estado, la nación, el liderazgo, la virtualidad institucionalizada y la ciudadanía líquida. Si cada sociedad va a poder definirse por la pandemia de turno que la amenace y por el modo de organizarse frente a ella construyendo muros para proteger las fronteras, reforzando su identidad nacional, inoculando a su ciudadanía el virus del miedo y cayendo en la tentación de seguir a un líder ¿cómo confrontar a lo ajeno cuando toma una forma infecciosa?
Por otro lado, ¿cuál viene a ser la nueva configuración del poder? El viejo acicate del control social que ejerce una parte de la ciudadanía imbuida por el miedo y una exacerbación de la auto responsabilidad frente al resto más relajado desempeña una función primordial de sanción complemento del ejercicio del poder. Un poder que no es solo el monopolio legítimo de la violencia. Paralelamente, gracias a las TICs la soberanía es sobre todo, según Preciado, “transparencia digital y gestión de big data”, instancias sobre las que los estados tienen unas capacidades muy limitadas. Es soberano quien tiene los datos. Solo en Estados Unidos o en China el poder político se puede permitir decidir cuáles son las empresas socias del emporio gubernamental y definir las condiciones de colaboración; el resto de los países es un observador silente de lo que, posiblemente, será una nueva guerra fría entre las dos potencias. Por último, la COVID-19 potenció los niveles de individualismo y de competencia feroz que se avizoraban en los últimos lustros enmarcados en la expansión cultural irrestricta del neoliberalismo. El virus nos aisló e individualizó, según señaló Biung Chul Han, siendo la mascarilla o la epidermis la nueva frontera. Para otras instancias que se definen en diferentes niveles quedan las clásicas funciones de vigilar y castigar. Desarticuladas paulatinamente las viejas formas de intermediación política pareciera que la ansiada democracia directa pudiera estar en puertas, pero esta posiblemente no sea sino una añagaza pues las decisiones ya estarán tomadas. El mundo de la inteligencia artificial define los contornos de la nueva normalidad que construye el presente. Es el reto que este libro tiene en sus futuras ediciones.
Luís Mario Rodríguez Rodríguez (2026). «Ciencia» política para ciudadanos. Un manual. Editorial: Netherland Institute for Multiparty Democracy. ISBN: 978-99983-0-145-0. 753 págs.

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